(El título del artículo de fondo es una paráfrasis del título de un conocido libro de Marcello D’Orta)
El control de las redes de transmisión de datos se está convirtiendo en una cuestión geopolítica y estratégica comparable al control de las rutas marítimas en el siglo XIX o de las redes energéticas en el siglo XX.
Durante más de un siglo, los cables submarinos han sido infraestructuras compartidas, construidas y gestionadas por consorcios de operadores telefónicos, gobiernos y empresas especializadas.
Hoy en día, el paradigma está cambiando. Las grandes empresas tecnológicas estadounidenses —en particular Google, Meta, Amazon Web Services y, cada vez más, Microsoft— están construyendo sus propios cables submarinos, destinados principalmente al tráfico generado por sus servicios en la nube, inteligencia artificial, streaming y centros de datos.
- El riesgo que se perfila es el surgimiento de una segmentación de Internet:
- • infraestructuras privadas dedicadas a los gigantes digitales;
- • infraestructuras públicas o consorciadas utilizadas por todos los demás.
Y, obviamente, son posibles otras segmentaciones: por ejemplo, redes nacionales o redes militares. En un escenario así, el poder de control sobre la red global podría pasar de los Estados a las grandes empresas tecnológicas, delineando un modelo que se aleja ampliamente de la red global de Internet que hemos conocido hasta ahora, que es casi un «bien público» como el aire.
¿Cómo funciona Internet…? ¡A grandes rasgos!
Cuando se habla de infraestructuras de Internet, los cables submarinos son solo la parte más visible. En realidad, estos representan únicamente el nivel físico de transporte, mientras que el funcionamiento de la red depende de un ecosistema mucho más complejo compuesto por routers, conmutadores, centros de datos, sistemas ópticos, puntos de intercambio y software de control.
Figura 1. Esquema de la red de Internet actual y sus componentes principales.
Podemos imaginar Internet como un sistema nervioso global. Antes de continuar con la metáfora anatómica y describir los distintos ganglios del sistema, conviene señalar que cualquier archivo es una secuencia larga (o muy larga) de bits que, si se introdujera en la red en su totalidad —para transferirlo de un remitente a un destinatario—, colapsaría la propia red. Por lo tanto, para garantizar la fluidez, cualquier archivo (incluso los pequeños) se divide en paquetes de bits. Normalmente, el remitente «desempaqueta» el archivo y el destinatario lo «reempaqueta»; por su parte, todos los componentes de la red se encargan de «distribuir» los paquetes.
1. Cables submarinos
Son los «axones» que transportan el tráfico entre continentes. Las principales rutas son: Europa-EE. UU., EE. UU.-Asia, Europa-Oriente Medio y África-Europa. Transportan impulsos luminosos a través de fibra óptica. Como hemos dicho, transportan paquetes de bits, no archivos completos.
2. Routers
Los routers son el cerebro de la red. Cada paquete de datos que se envía, ya sea parte de un correo electrónico, de un vídeo de YouTube, de una solicitud a ChatGPT o de una transferencia bancaria, debe atravesar decenas de routers.
El router decide cuál es la mejor ruta para llegar al destinatario. Es el equivalente al control del tráfico aéreo. Los principales fabricantes de routers en la actualidad son:
- • Cisco
- • Juniper Networks
- • Nokia
- • Huawei
- • Arista Networks
Los routers operan dentro de los ISP o de los IX (véase la figura 1).
3. Conmutadores
Los conmutadores operan dentro de las redes locales (parte de los AS de la Figura 1).
Si el router decide a qué ciudad enviar un camión, el conmutador decide en qué edificio entregar el paquete. Son fundamentales en los centros de datos, la nube, las redes empresariales y las centrales telefónicas. La IA está disparando la demanda de conmutadores de altísima capacidad.
Los líderes actuales en la fabricación de estos dispositivos son:
Con la esperanza de haber ofrecido una visión lo suficientemente clara de la estructura de Internet, nos planteamos la pregunta más fundamental: ¿quién controla realmente Internet?
No es de extrañar que no exista una respuesta clara y definitiva, ya que depende de la historia (por breve que sea) de Internet. En los años 90 habríamos respondido: las operadoras telefónicas. Hoy en día, la respuesta es muy diferente. Una «big tech» puede poseer simultáneamente: cables submarinos, centros de datos, conmutadores, routers propios, la nube y modelos de IA.
Google es probablemente el caso más avanzado; Meta y Amazon están siguiendo una trayectoria similar. El verdadero riesgo estratégico no es, por tanto, un solo cable, sino la integración vertical completa; que, afortunadamente, aún no se ha producido, pero estamos a punto de llegar a ella.
Internet por satélite
¿Y los satélites? Se podría pensar que los satélites eliminan (y eliminarán cada vez más) los routers y los switches. En realidad, es todo lo contrario. Las constelaciones de satélites modernas son, en sí mismas, gigantescas redes de routers. La primera generación de satélites estaba compuesta básicamente por satélites geoestacionarios que, en la práctica, eran «espejos de radio». Recibían una señal y la retransmitían. Poca inteligencia a bordo.
Con la llegada de Starlink y las nuevas constelaciones, las cosas han cambiado radicalmente. Cada satélite Starlink contiene procesadores, sistemas de enrutamiento (routing), conexiones láser y otras funciones similares a las de los routers. En la práctica, cada satélite es un nodo de red orbital. Podemos imaginar una constelación Starlink como un gigantesco Internet volador.
- Para comprender mejor en qué nos basamos a la hora de trazar nuestros escenarios futuristas, veamos un par de conceptos sobre el funcionamiento técnico de los satélites. Existen dos tipos principales de satélites:
- • Órbita terrestre baja (LEO)
- • Órbita geoestacionaria (GEO)
La principal diferencia entre los satélites LEO y GEO es la altitud de la órbita, que determina el rendimiento, la cobertura, los costes y las aplicaciones. En la Tabla 1 presentamos de forma esquemática las principales características técnicas de los dos tipos de satélites
Tabla 1. Principales características técnicas de los satélites LEO y GEO.
En la Figura 2 y la Figura 3 ofrecemos una imagen esquematizada que ayuda a comprender visualmente la diferencia entre ambos tipos.
Figura 3. Imágenes de satélites LEO.
Los satélites LEO orbitan mucho más cerca de la Tierra, normalmente entre 500 y 1 200 km. Dado que se desplazan rápidamente con respecto a la superficie terrestre, para proporcionar una cobertura continua se necesitan constelaciones con muchos satélites. Actualmente los utilizan SpaceX (Starlink), Eutelsat (OneWeb) y Amazon. Entre las ventajas que ofrecen destacan la latencia muy baja (20–50 ms) y las altas velocidades, lo que los hace especialmente adecuados para la transmisión de datos a través de Internet y para aplicaciones en tiempo real. Por el contrario, para garantizar una buena cobertura global se necesitan cientos o miles de satélites, lo que conlleva una gestión mucho más compleja y una vida útil más corta, factores que inciden en los costes.
Entendemos, pues, por qué Starlink utiliza este tipo de satélites: el objetivo es proporcionar una conexión a Internet comparable a la fibra óptica. Un satélite GEO orbita a una distancia de unos 36 000 km y tiene una latencia física mínima de unos 240 ms solo de ida y vuelta. Con un satélite LEO, la distancia orbital se reduce a 550 km y la latencia física a unos 20–40 ms. Esta diferencia hace posibles las videoconferencias, los videojuegos en línea, el comercio electrónico y las aplicaciones en la nube.
No es de extrañar, pues, que hoy en día el sector de los satélites se esté desplazando de los GEO hacia los LEO, si bien los GEO siguen siendo dominantes en la radiodifusión y en algunos servicios gubernamentales, mientras que los LEO constituyen el segmento de más rápido crecimiento gracias a la demanda de conectividad global. Entre las empresas más expuestas a la tendencia LEO se encuentran las tres que hemos mencionado anteriormente, mientras que operadores que históricamente se han centrado en el GEO, como SES e Intelsat, están tratando de integrar capacidades LEO para no perder competitividad.
Además, sin necesidad de ser adivinos, es probable que dentro de diez años sea habitual contar con routers instalados directamente en los satélites, que se encargarán de enrutar los paquetes de datos eligiendo la ruta óptima entre muchas más opciones disponibles: de hecho, los routers espaciales podrán optar por una de las siguientes tres soluciones, o combinarlas: satélite-satélite; satélite-estación terrestre; satélite-cable submarino. Exactamente igual que hacen hoy en día los routers terrestres, pero con un abanico de opciones más reducido, ya que se limita a la selección de sus «pares».
Junto a Starlink, otros actores están entrando en este mercado, entre ellos: Amazon, Eutelsat, Telesat y China SatNet. Estas redes podrían convertirse en el complemento natural de los cables submarinos.
- ¿Por qué son tan importantes hoy en día los cables submarinos? Las vías de transmisión actuales son:
- • cables submarinos, por los que transita más del 95 % del tráfico internacional de datos;
- • conexiones por satélite, que gestionan menos del 5 % del tráfico de datos digitales.
El éxito indiscutible del transporte de datos por cable se justifica principalmente en función de tres parámetros: latencia, capacidad y coste (véase la tabla 2).
Tabla 2. Comparación entre los cables de fibra óptica y las comunicaciones por satélite.
Un solo cable transatlántico moderno puede transportar cientos de terabits por segundo: se trata de una capacidad que, a día de hoy, ninguna constelación de satélites puede igualar de forma rentable.
¿Y por qué seguirán desempeñando un papel clave en el futuro? El escenario más probable para los próximos veinte años —si excluimos por completo el fenómeno cuántico— no es la sustitución de los cables, sino una estructura híbrida que se desarrolle en varios niveles (o capas). Un ejemplo de estratificación capaz de gestionar el tráfico de datos actual podría ser:
- • Nivel 1. Red troncal global de fibra óptica submarina.
- • Nivel 2. Constelaciones de satélites para redundancia, gestión de emergencias, cobertura de zonas remotas y, por último, uso militar y estratégico (p. ej., servicios secretos).
- • Nivel 3. Redes terrestres y centros de datos.
Pero esta arquitectura futurista podría sufrir cambios debido a un tráfico de datos que aún no podemos imaginar, pero que podemos considerar que aumentará considerablemente tanto por la IA como por la computación cuántica, que también cambiará la calidad de la información transmitida.
La llegada de Internet cuántico
Aquí la situación es aún más interesante, ya que también necesitará routers y conmutadores, pero muy diferentes de los actuales. El enrutamiento cuántico es intrínsecamente complicado y difícil de implementar. En Internet tradicional podemos copiar un paquete, amplificarlo y regenerarlo. En el mundo cuántico, el Teorema de No Clonación nos lo impide (véase nuestro artículo de fondo del 29 de mayo de 2026). Un estado cuántico no puede copiarse a la perfección y esta limitación cambia por completo la arquitectura de la red.
Los futuros routers cuánticos deberán: distribuir el entrelazamiento, coordinar memorias cuánticas, gestionar fotones individuales (o cualquier otro microestado cuántico) y sincronizar nodos remotos. No serán simplemente versiones más potentes de los routers actuales: serán máquinas completamente nuevas, pero seguirán desempeñando un papel central en la gestión del tráfico de datos, sobre todo porque se trata de una información más compleja de transmitir.
Los conmutadores también seguirán existiendo en una red cuántica, ya que deberán enrutar qubits, estados entrelazados y claves cuánticas. En lugar de conmutar paquetes digitales, conmutarán estados cuánticos.
En este escenario, uno de los avances más probables es la fusión entre redes cuánticas y satélites. Consideramos que se trata de un avance probable porque China ya ha experimentado con el satélite cuántico Micius.
El objetivo es crear los «Quantum Satellite Relays» que distribuyan el entrelazamiento entre continentes: los satélites se convertirán en el equivalente a los cables submarinos para el Internet cuántico.
Si dejamos volar la imaginación, podemos imaginar que, en los próximos veinte años, la infraestructura global podría estar compuesta por cuatro capas superpuestas.
- 1. El nivel físico: cables submarinos, fibra terrestre y satélites LEO
- 2. El nivel IP clásico: routers, conmutadores y red troncal global
- 3. El nivel de nube/IA, caracterizado por hiperescaladores, centros de datos y modelos de IA. Y, por último:
- 4. el nivel cuántico, poblado de routers cuánticos, repetidores cuánticos, conmutadores cuánticos y satélites cuánticos.
El verdadero punto estratégico es que quien controle simultáneamente estos cuatro niveles controlará no solo el tráfico de datos, sino toda la infraestructura cognitiva de la economía digital mundial. Hoy en día, nadie posee aún toda la pila tecnológica; sin embargo, empresas como Google, Amazon, Microsoft y, cada vez más, algunos actores estatales como China y Estados Unidos ya están construyendo los primeros elementos de lo que podría convertirse en una futura «soberanía de las redes».
Creemos que Internet cuántico no sustituirá de inmediato a Internet tradicional, del mismo modo que no esperamos que los primeros ordenadores cuánticos sustituyan a los ordenadores clásicos. Probablemente se creará una sinergia entre máquinas, así como una sinergia entre tipos de redes. Desde esta perspectiva, Internet cuántico será un nivel adicional de comunicación (el número 4 en la arquitectura futurista que hemos imaginado anteriormente) cuyas características específicas serán:
- • La distribución de claves cuánticas (QKD), es decir, claves criptográficas distribuidas a través de estados cuánticos, lo que ofrece la gran ventaja de que cualquier interceptación (eavesdropping) será detectable de inmediato.
- • Entrelazamiento distribuido: dos nodos muy distantes podrán compartir estados cuánticos correlacionados.
- • Comunicaciones ultraseguras, especialmente útiles para bancos centrales, defensa, servicios de inteligencia e infraestructuras críticas (por ejemplo, centrales nucleares).
Los futuros cables podrían transportar: tráfico de Internet convencional, tráfico en la nube y contenidos cuánticos específicos. Las actuales redes troncales globales podrían transformarse en una infraestructura cuántica, y esto no es pura imaginación, ya que la European Quantum Communication Infrastructure, la DARPA y la Academia China de Ciencias ya están desarrollando los primeros proyectos. Partiendo de esta base, podemos plantear al menos tres escenarios:
- o Escenario futurista 1: el nuevo Canal de Suez digital. En 2040 podrían existir unos pocos corredores cuánticos globales: Norteamérica-Europa; Europa-Oriente Medio-Asia y el Pacífico. Quien posea estos corredores controlará una parte significativa de la economía digital mundial, un papel análogo al que desempeñan hoy en día los estrechos marítimos, los oleoductos y las redes eléctricas.
- o Escenario futurista 2: soberanía digital cuántica. Los gobiernos podrían imponer que los datos gubernamentales, las transacciones financieras y las comunicaciones militares circulen exclusivamente por redes cuánticas nacionales. Podría surgir una nueva forma de proteccionismo digital.
- o Escenario futurista 3: fragmentación de Internet global. Hoy en día existe, en esencia, una única Internet. Dentro de unas décadas podríamos ver una Internet:
- – estadounidense, dominada por las grandes tecnológicas de EE. UU.;
- – china, controlada por empresas y el Estado chino;
- – europea, basada en infraestructuras soberanas (siempre que Europa no nos sorprenda con una auténtica revolución federalista);
- – cuántica gubernamental, separada de todas las demás redes mencionadas y gestionada por cada gobierno individualmente —una especie de «splinternet» avanzada—.
Saquemos algunas conclusiones
Más allá del escenario futurista que acabamos de esbozar, surge una cuestión que muchos gobiernos empiezan a considerar crítica: si Google posee el cable, AWS posee la nube y Meta controla las plataformas, ¿quién controla realmente el flujo de información?
En teoría, los gobiernos pueden imponer regulaciones, pero esto no mitiga el riesgo de que, de hecho, un puñado de empresas llegue a gestionar la infraestructura física, los servicios en la nube, los modelos de IA y las plataformas sociales: una concentración de poder sin precedentes en la historia de las telecomunicaciones.
Lo que sabemos con certeza a día de hoy es que quienes construyen realmente los cables de las grandes empresas tecnológicas —que, sin duda, no los instalan directamente— son empresas especializadas que conforman un ecosistema industrial altamente cualificado en el que podemos identificar algunos actores principales.
- n Fabricantes de cables
- • Nexans
- • SubCom
- • ASN (Alcatel Submarine Networks)
- • NEC Corporation
- n Tendido y mantenimiento
- • Global Marine Group
- • Orange Marine
- • Jan De Nul Group
- • Prysmian Group
Dicho esto, resulta evidente que la tendencia clara es crear una segmentación de Internet que parte de la adquisición de la propiedad de su red troncal.
- En conclusión, para ofrecer una proyección muy pesimista de los actuales avances tecnológicos, podemos imaginar que la combinación de:
- • cables submarinos privados,
- • megaconstelaciones de satélites,
- • nube a hiperescala,
- • inteligencia artificial,
- • Internet cuántico,
podría dar lugar al surgimiento de auténticas «potencias infraestructurales digitales».
En ese mundo, el poder no se mediría únicamente por el PIB o la fuerza militar, sino por la capacidad de controlar los nodos por los que transitan datos, algoritmos, comunicaciones cuánticas e inteligencias artificiales. Los futuros conflictos geopolíticos podrían girar menos en torno al petróleo y mucho más en torno al control de las redes troncales de información planetarias.
Descargo de responsabilidad
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