En la incipiente industria de la computación cuántica, QEC significa «Quantum Error Correction», pero —dada la evolución cada vez más rápida y apasionante que está experimentando el sector de la computación cuántica— el anagrama que sugiere el título resulta mucho más apropiado. Mientras que todas las principales startups —y no solo en Estados Unidos— se están centrando en soluciones de hardware para la construcción de un ordenador cuántico plenamente operativo, en Italia (en particular en Milán) se está creando un centro para aquellas startups como Algorithmiq que quieren producir software cuántico (véase la noticia). No hace falta decir que este será un segmento que seguiremos con especial interés, aunque solo sea porque sitúa a Europa (e Italia) en primera línea para aprovechar las imponentes olas de una innovación auténticamente radical. Sin embargo, el reciente anuncio de IonQ y la proliferación de fondos temáticos nos obligan a ofrecer un informe exhaustivo sobre el estado actual de la construcción del ordenador cuántico.
En 2026, la informática cuántica se encuentra en una fase históricamente peculiar: el discurso público habla de carrera industrial, salidas a bolsa, adquisiciones y valoraciones de mercado, pero la realidad técnica es mucho más selectiva. No ganará necesariamente quien posea hoy el mayor número de qubits físicos, ni quien anuncie el benchmark más espectacular. El factor determinante es cada vez más claro: la capacidad de transformar hardware «ruidoso» en qubits lógicos fiables mediante la corrección de errores cuánticos (en adelante, este será el único significado de QEC). En este sentido, la competencia sigue abierta porque ninguna arquitectura ha demostrado aún una superioridad definitiva a escala industrial, pero todas están convergiendo hacia el mismo cuello de botella: el control de errores.
Por qué la QEC es el centro del juego
El qubit físico, por su propia naturaleza, es frágil. Las interacciones con el entorno, el ruido electrónico, las imperfecciones de las puertas y los fenómenos de decoherencia cuántica introducen errores continuos. A diferencia de la informática clásica (la que permite que los ordenadores actuales funcionen basándose en transistores y diferentes voltajes para representar el bit), no es posible duplicar simplemente la información cuántica para crear redundancia, debido al teorema de no clonación. Por este motivo, la corrección de errores cuánticos no consiste en «copiar datos», sino en distribuir la información de un qubit lógico entre muchos qubits físicos correlacionados. Estos conceptos son muy complejos para los no iniciados. Sin embargo, intentaremos sintetizarlos en unas pocas líneas con la esperanza de transmitir al menos la intuición fundamental del problema.
La decoherencia cuántica y el teorema de no clonación son dos conceptos distintos pero profundamente relacionados, ya que juntos explican por qué proteger la información cuántica es mucho más difícil que en la informática clásica.
La información cuántica se basa en dos conceptos fundamentales: la superposición y el entrelazamiento.
La superposición es la propiedad por la cual un qubit puede encontrarse simultáneamente en una combinación de dos estados binarios (comúnmente denotados como 0 y 1), hasta el momento de la medición (u observación, es decir, la interacción con el entorno).
A diferencia de un bit clásico, que solo puede ser 0 o 1, un qubit en superposición contiene ambas posibilidades de forma coherente, lo que le confiere algunas características intrínsecamente fundamentales enumeradas en la Tabla 1.
El entrelazamiento es una correlación física entre dos o más qubits tal que su estado no puede describirse por separado, sino únicamente como un único sistema compartido.
En la práctica, al medir un qubit entrelazado se determina instantáneamente también el resultado correlacionado del otro, independientemente de la distancia física entre ambos qubits.
El entrelazamiento es un recurso fundamental porque permite las aplicaciones que se recogen en la Tabla 2.
En esencia, el entrelazamiento es el vínculo no clásico que hace que los sistemas cuánticos sean más potentes que los sistemas tradicionales.
La decoherencia es el proceso mediante el cual un qubit pierde su coherencia de fase y las propiedades de superposición y entrelazamiento cuántico debido a la interacción no deseada con el entorno. En la práctica, el sistema «filtra información» hacia el exterior y el estado cuántico se degrada progresivamente, volviéndose cada vez más similar a un estado clásico.
El teorema de no clonación afirma, por el contrario, que no es posible crear una copia perfecta de un estado cuántico arbitrario y desconocido.
En el mundo clásico, si un bit es frágil o ruidoso, basta con copiarlo muchas veces y utilizar redundancia (copias de seguridad, algoritmos de mayoría, RAID, réplica de memoria). En el mundo cuántico, este esquema no funciona porque la decoherencia destruye la información cuántica y, al mismo tiempo, el teorema de no clonación impide realizar copias de seguridad perfectas. Es esta doble dificultad la que hace necesario el QEC.
Dado que no se puede clonar un estado cuántico, la protección no se consigue copiando el qubit, sino codificando la información de forma distribuida entre muchos qubits físicos entrelazados.
Por ejemplo, en los códigos estabilizadores o de superficie, nunca se lee directamente el contenido del qubit lógico: se miden operadores auxiliares que revelan solo dónde se ha producido el error, no cuál era la información contenida (porque es imposible conocerla debido a la decoherencia cuántica).
La decoherencia puede interpretarse como una especie de «medición involuntaria» realizada por el entorno. Cuando el qubit «se acopla/entrelaza» con el exterior, parte de la información de fase se dispersa en el entorno y ya no es recuperable localmente. La no clonabilidad impide tener copias perfectas dentro del sistema.
La decoherencia explica por qué los qubits se corrompen; el teorema de la no clonabilidad explica por qué no podemos salvarlos copiándolos. De esta combinación surge toda la arquitectura moderna de la corrección de errores cuánticos y, en última instancia, el reto central de la computación cuántica escalable.
Un código QEC opera típicamente en tres fases. En la primera fase, el estado lógico se codifica en un registro de qubits físicos. En la segunda, algunos qubits auxiliares miden operadores de paridad (comprobaciones de estabilizadores) sin colapsar el estado computacional útil. En la práctica, no leen el dato, porque esto provocaría la pérdida de información, sino que detectan continuamente si el dato se está corrompiendo y emiten una señal (o síndrome) de error. En la tercera, un decodificador clásico interpreta los «síndromes de error» y determina la corrección más probable. Este proceso debe ocurrir cíclicamente y con una latencia mínima; de lo contrario, los errores se acumulan más rápidamente que la capacidad de eliminación.
El concepto decisivo es el del teorema del umbral: por debajo de un cierto umbral de error físico, aumentar la redundancia mejora exponencialmente la fiabilidad del qubit lógico; por encima de ese umbral, la redundancia empeora la situación porque introduce más errores de los que corrige (véase la Tabla 4). En consecuencia, métricas como la fidelidad de las puertas de dos qubits tienen un valor económico y estratégico directo.
El significado técnico de los 4 nueves de IonQ
El anuncio de IonQ relativo al logro de una fidelidad del 99,99 % en las puertas de dos qubits (fidelity gate) debe interpretarse precisamente en este contexto. Las puertas de dos qubits entrelazados son el componente más crítico del presupuesto de error en los circuitos. Pasar de umbrales de error del 1 % al 0,01 % significa reducir en aproximadamente dos órdenes de magnitud la probabilidad de fallo de cada operación computacional. Esto no implica automáticamente una tolerancia al error completa, pero reduce drásticamente la carga de trabajo que requieren los códigos QEC.
Para comprender su impacto, consideremos la siguiente relación cualitativa:
IonQ, basada en la tecnología de iones atrapados (trapped ions), se beneficia históricamente de largos tiempos de coherencia y una elevada conectividad entre qubits. Esto hace que la arquitectura sea especialmente adecuada para operaciones de alta precisión, aunque a menudo se vea penalizada en velocidad de reloj en comparación con los sistemas basados en superconductores.
Las principales arquitecturas en competencia
El mercado no está convergiendo hacia una única tecnología. Por el contrario, el capital sigue distribuyéndose entre diferentes enfoques: qubits superconductores, iones atrapados, átomos neutros, fotónica, qubits de espín de silicio e incluso vías más especulativas (véase la Tabla 5). Esta es una señal clara: los inversores profesionales consideran que aún no se puede identificar al ganador.
A continuación analizaremos las dos tecnologías de átomos neutros y fotones de luz. Por lo tanto, aquí dedicaremos unas palabras a los qubits de espín de silicio. Se trata de una arquitectura cuántica en la que los qubits se crean utilizando el espín de los electrones confinados en estructuras de silicio nanométrico.
La idea consiste en aprovechar una propiedad cuántica fundamental del electrón —el espín— que puede adoptar dos estados principales que representan los clásicos 0 y 1. El espín es una propiedad cuántica fundamental del electrón que se comporta como una especie de momento angular intrínseco. Es importante aclarar una cosa desde el principio: el electrón no está realmente «girando sobre sí mismo» como una bolita. El término «espín» es histórico, pero en mecánica cuántica representa una propiedad intrínseca de la partícula, análoga a la masa, la carga eléctrica y el momento magnético. Dicho de manera simplificada y sin pretensiones de rigor científico, un electrón «que gira» se comporta como un imán minúsculo y, por lo tanto, al aplicarle un campo magnético se pueden alinear los espines de diferentes electrones, cambiar su energía, pero sobre todo se pueden manipular y medir, y esto, para una partícula que solo posee dos estados, resulta fundamental a efectos computacionales.
En la computación cuántica, el qubit es precisamente el estado de espín de un electrón cuya rotación se controla mediante impulsos electromagnéticos. El entrelazamiento surge al emparejar espines cercanos.
IonQ vs Quantinuum: precisión frente a integración
Entre los protagonistas del enfoque de iones atrapados, IonQ y Quantinuum representan dos modelos industriales diferentes. IonQ ha optado por el mercado público, apostando por la marca, la captación de capital y la visibilidad. Quantinuum, nacida de la unión entre Honeywell Quantum Solutions y Cambridge Quantum, parece en cambio más integrada verticalmente: hardware, pila de software, ciberseguridad y relaciones empresariales consolidadas.
Desde el punto de vista del QEC, ambas cuentan con una base favorable: puertas precisas y amplia conectividad, lo que reduce la complejidad de muchos códigos de corrección en comparación con diseños estrictamente locales. Sin embargo, la ventaja final dependerá de la capacidad de orquestar millones de ciclos de extracción de síndromes con un rendimiento estable, no solo del benchmark aislado.
IBM y Google: la fuerza de la escala de ingeniería
IBM y Google siguen apostando principalmente por los qubits superconductores. Este enfoque adolece generalmente de puertas inferiores (en términos de errores) en comparación con los mejores de iones atrapados, pero ofrece enormes ventajas en velocidad operativa, integración industrial, cadena de herramientas de software y capacidad de producción. Incluso Google ha puesto en marcha programas paralelos sobre átomos neutros, lo que indica que ni siquiera los líderes consideran que la partida tecnológica esté cerrada.
A largo plazo, la verdadera ventaja de IBM y Google podría ser la capacidad de industrializar el QEC a gran escala: criogenia, encapsulado, electrónica de control, pila de compiladores y cadena de suministro.
D-Wave y Rigetti: dos casos especiales
D-Wave sigue un camino diferente, históricamente centrado en la resolución de problemas de optimización compleja (se denomina «quantum annealing» y se refiere a aquellos problemas que ni siquiera los superordenadores actuales son capaces de resolver con precisión). Aunque no es el paradigma universal más ambicionado, cuenta con casos de uso más inmediatos en logística y planificación. Rigetti, por su parte, sigue apostando por la superconductividad independiente: alto potencial teórico, pero competencia directa con gigantes muy bien capitalizados.
El papel del capital: por qué la carrera sigue abierta
El dato relevante para este sector es que el dinero sigue financiando múltiples enfoques al mismo tiempo. En sectores maduros, el capital converge en los probables ganadores; aquí ocurre lo contrario. Esto significa que el mercado aún percibe una fase predominante, similar a los primeros años de la aviación o de los semiconductores.
Además, las recientes adquisiciones muestran una tendencia a la verticalización: IonQ ha adquirido Oxford Ionics, mientras que D-Wave ha adquirido Quantum Circuits. Esto sugiere que ningún actor considera suficiente el hardware nativo por sí solo; se necesitan propiedad intelectual, talento y componentes complementarios.
La verdadera métrica a tener en cuenta en los próximos años
El mercado sigue hablando a menudo del número de qubits. Desde el punto de vista científico, es una métrica incompleta. La secuencia de prioridades más útil se recoge, en cambio, en la siguiente tabla:
Cuando el sector pase de «1000 qubits físicos» a «10 qubits lógicos útiles», el marco de evaluación industrial cambiará por completo.
Integración: los nuevos contendientes internacionales que mantienen abierta la carrera cuántica
La competencia ya no se limita al triángulo Estados Unidos-Big Tech-pioneros cotizados. El capital está fluyendo hacia una segunda oleada de empresas que representan arquitecturas alternativas y una geografía mucho más amplia de la innovación cuántica. En particular, se citan Infleqtion (EE. UU.), Xanadu (Canadá), Pasqal (Francia) e IQM (Finlandia) como ejemplos de operadores que podrían influir de manera significativa en el mercado en los próximos años.
Esto es relevante porque sugiere que el sector aún no ha alcanzado una convergencia tecnológica. Si los inversores estuvieran convencidos de que los iones atrapados o los qubits superconductores ya se han impuesto, el capital se concentraría únicamente en IonQ, Quantinuum, IBM o Google. Sin embargo, está ocurriendo lo contrario.
Infleqtion (EE. UU.): átomos neutros y detección cuántica
Infleqtion, anteriormente conocida como ColdQuanta, es uno de los nombres más interesantes del ecosistema estadounidense. La empresa trabaja en plataformas basadas en átomos neutros, una tecnología que utiliza átomos neutros atrapados y manipulados mediante láser. Los átomos neutros son átomos que tienen el mismo número de protones que de electrones, por lo que, a diferencia de los iones atrapados, tienen una carga eléctrica total nula. Este enfoque busca combinar una alta escalabilidad geométrica con una buena calidad de los qubits.
Desde el punto de vista de la QEC, los átomos neutros son prometedores porque permiten matrices bidimensionales y tridimensionales muy densas, útiles para códigos topológicos como el código de superficie o los LDPC adaptados. Por lo tanto, la organización espacial (geométrica) de los qubits es de vital importancia. De hecho, muchos códigos QEC modernos —sobre todo los códigos de superficie— no funcionan en qubits aislados, sino en redes de qubits que deben interactuar localmente con sus vecinos.
Por ejemplo, en un código de superficie, cada qubit debe realizar continuamente comprobaciones de estabilizadores con los qubits circundantes. Esta estructura requiere muchos qubits físicos, conectividad ordenada, disposición bidimensional regular e interacciones controladas entre vecinos.
En los sistemas de átomos neutros, los átomos se atrapan mediante láser («pinzas ópticas») y pueden colocarse casi como puntos en una rejilla programable.
Esto ofrece tres ventajas enormes:
- 1) matrices muy densas, es decir, más qubits en menos espacio
- 2) geometría reconfigurable que permite la optimización de los códigos
- 3) interacciones controlables y, por lo tanto, comprobaciones de estabilizadores más eficientes
A diferencia de los qubits superconductores, donde la geometría del chip está físicamente fija, en los átomos neutros las matrices pueden reorganizarse dinámicamente.
El código de superficie es hoy en día uno de los códigos QEC más prometedores porque tolera errores relativamente altos, utiliza solo interacciones locales y escala bien (al menos en teoría). Sin embargo, requiere enormes redes 2D de qubits.
La buena noticia es que los autómatas de átomos neutros son especialmente prometedores para afrontar este reto, ya que permiten:
- • construir, de forma relativamente natural, rejillas 2D regulares;
- • obtener cientos o miles de átomos en configuraciones compactas;
- • conectarse de forma más flexible.
Y las ventajas no terminan aquí, ya que los átomos neutros permiten avances notables en la creación de códigos LDPC (Low-Density Parity-Check) cuánticos, es decir, una nueva generación de códigos QEC que tiene como objetivo reducir drásticamente la redundancia requerida, pero que requieren conexiones más sofisticadas, redes de interacción no triviales y una alta flexibilidad topológica, objetivos más fácilmente alcanzables a través de reconfiguraciones espaciales, interacciones selectivas y arquitecturas casi tridimensionales, todas ellas características propias de los átomos neutros.
Además, Infleqtion no se limita a la computación cuántica: también opera en la detección y sincronización cuánticas, un elemento estratégico porque genera aplicaciones más cercanas al mercado que la mera computación resistente a errores.
Xanadu (Canadá): la apuesta fotónica
Xanadu representa una de las plataformas más originales del panorama global: la computación cuántica fotónica. En lugar de utilizar átomos o circuitos superconductores, emplea fotones como portadores de la información cuántica.
La principal ventaja teórica es importante: los fotones interactúan poco con el entorno, por lo que son menos susceptibles a ciertos mecanismos de decoherencia. Además, pueden viajar de forma natural por fibras ópticas, lo que hace que la plataforma sea potencialmente ideal para las redes cuánticas y la computación cuántica distribuida.
Sin embargo, la computación cuántica fotónica es muy compleja. Dado que los fotones interactúan poco entre sí, la realización de puertas determinísticas y esquemas de corrección de errores eficientes requiere arquitecturas sofisticadas, estados de clúster y recursos ópticos muy elevados.
Pasqal (Francia): el referente europeo en átomos neutros
Pasqal es probablemente el nombre europeo más conocido en el segmento de los átomos neutros. Su modelo tecnológico es similar al de Infleqtion, pero cuenta con un fuerte respaldo científico francés y la ambición de liderar el continente.
La plataforma de Pasqal resulta especialmente interesante para la simulación cuántica, la optimización y los problemas de muchos cuerpos, donde la disposición flexible de los átomos puede convertirse en una ventaja arquitectónica. Los problemas de muchos cuerpos son problemas físicos en los que un sistema contiene muchas partículas cuánticas que interactúan simultáneamente entre sí de diversas formas, tales como interacciones electromagnéticas, correlaciones cuánticas, entrelazamiento y efectos colectivos.
La resolución de problemas de muchos cuerpos es especialmente importante para el estudio de nuevos materiales y moléculas.
El punto crucial es que el comportamiento global no puede describirse simplemente analizando una partícula a la vez, ya que las interacciones y el entrelazamiento crean propiedades colectivas extremadamente complejas, demasiado complejas para permitir simulaciones eficientes mediante ordenadores clásicos. En términos más técnicos, si se tienen N partículas, el número de estados que hay que analizar crece según la siguiente ley: 2^N. Es decir, exponencialmente.
Desde el punto de vista de la QEC, el quid de la cuestión es la transición de los prometedores sistemas de tipo NISQ a máquinas verdaderamente tolerantes a fallos. Si Pasqal lograra mejorar la fidelidad de las puertas manteniendo una alta densidad, podría convertirse en uno de los rivales más peligrosos para la competencia.
Un sistema NISQ («Noisy Intermediate-Scale Quantum») es una plataforma de computación cuántica lo suficientemente grande como para realizar experimentos interesantes, pero aún demasiado sujeta al ruido como para soportar cálculos largos y fiables.
En la práctica, los qubits funcionan y se puede crear entrelazamiento, lo que permite ejecutar algoritmos limitados; sin embargo, los errores crecen demasiado rápido.
Por lo tanto, el sistema aún no puede soportar QEC completo a gran escala.
Una máquina tolerante a fallos, en cambio, es diferente. No basta con tener muchos qubits, buenos benchmarks y circuitos de demostración. Es necesario poder detectar errores continuamente, corregirlos en tiempo real y mantener estable un qubit lógico durante largos periodos de tiempo. Lamentablemente, esto requiere puertas muy precisas y una lectura precisa de su estado, estabilidad sistémica y redundancia gestionable.
Y aquí es donde entra en juego el problema de la fidelidad de las puertas.
IQM (Finlandia): superconductores europeos con ADN industrial
IQM representa una de las realidades europeas más sólidas en el paradigma de los qubits superconductores, hoy en día el más adoptado por grandes grupos como IBM y Google.
Esto es significativo porque Europa, a través de IQM, no solo compite en el terreno de los átomos neutros o el software (entendido como algoritmos cuánticos), sino que también cuenta con un actor en el segmento más maduro desde el punto de vista industrial. La tecnología superconductora ofrece tiempos de puerta muy rápidos y un ecosistema ya avanzado de control electrónico y criogenia.
En el caso del QEC, IQM hereda tanto las ventajas como las limitaciones de la plataforma: alta velocidad y cadenas de herramientas maduras, pero con severas redundancias en cuanto a conectividad local y requisitos criogénicos. Por «cadena de herramientas» se entiende el ecosistema tecnológico en torno a los qubits superconductores, que ya es relativamente avanzado e industrializado en comparación con otras arquitecturas cuánticas.
No se trata solo del hardware, sino de todo el conjunto de herramientas necesarias para diseñar, programar, controlar, calibrar y operar un ordenador cuántico real. En concreto, una cadena de herramientas cuántica presenta los siguientes componentes:
En el caso de los qubits superconductores (como IBM, Google, Rigetti Computing e IQM), esta infraestructura existe ya desde hace años y está muy desarrollada.
Impacto competitivo frente a IonQ, Quantinuum, IBM y Google
La existencia de estos cuatro actores demuestra que el mercado no cree que la victoria esté ya decidida. Cada uno ocupa un nicho estratégico:
Esto significa que IonQ y Quantinuum no solo compiten entre sí; IBM y Google no compiten solo a nivel interno; existe un segundo nivel de retos que podría surgir a través de avances técnicos, colaboraciones gubernamentales o adquisiciones.
Desde el punto de vista del QEC, estas empresas son importantes porque aportan arquitecturas diferentes, y el ganador de la década podría ser simplemente la plataforma que minimice el coste por qubit lógico correcto. No necesariamente la que tenga más qubits físicos, ni la que cuente con el mejor benchmark de marketing.
Infleqtion, Xanadu, Pasqal e IQM no son nombres marginales: representan la prueba concreta de que el sector se encuentra aún en una fase exploratoria avanzada. Si IonQ encarna la precisión de los iones atrapados e IBM la escala de los superconductores, estos nuevos actores encarnan el principio más importante de 2026: la carrera cuántica sigue abierta porque nadie ha demostrado aún la supremacía económica de su modelo de QEC a gran escala.
Conclusión
En 2026, la carrera cuántica sigue radicalmente abierta, a pesar de los importantes retos técnicos. El anuncio de IonQ sobre el 99,99 % confirma que los iones atrapados siguen siendo una de las plataformas más elegantes desde el punto de vista de la precisión. Quantinuum se muestra muy fuerte en la integración empresarial. IBM y Google mantienen el liderazgo en ingeniería a gran escala. Los nuevos actores en átomos neutros, fotones y espín de silicio siguen recibiendo capital porque aún no se sabe quién será el ganador. Sin embargo, más allá de toda la narrativa del mercado, la variable dominante sigue siendo una sola: quien sea capaz de implementar una corrección de errores cuánticos eficiente, estable y escalable será el verdadero líder de la década cuántica.
Descargo de responsabilidad
Esta publicación refleja la opinión personal de los colaboradores de Custodia Wealth Management que la han redactado. No constituye un consejo ni una recomendación de inversión, ni un asesoramiento personalizado, y no debe considerarse una invitación a realizar operaciones con instrumentos financieros.